Carta a mi otro yo
Carta a mi otro yo
Envuelto en un aroma a fruta podrida, lechuga de Cádiz y pescado frito en el pasillo de un asilo digo: -Ya es tiempo de morir- porque el cuerpo humano lo solicita por escrito. Porque cuando intento nadar me ahogo chapoteando en aguas no precisamente caídas del firmamento.
Yo sé que lo mejor para todos es nacer en la sopa del dolor, (nadando, usando la cuchara de trampolín), para luego morir riendo, mientras nos acostumbramos al astro y a los idiotas.
Sé que vos sos un corrosivo de un país diezmado, pero no tenés salvación, y encima querés deslumbrar con ese léxico astuto extraído con ligereza del diccionario subnormal.
Es tiempo de morir calavera, mientras nos miran todos, sobre todo, los escritores de sobretodo, que mucho escriben y poco dicen, que tachan y hacen ruido, como las prontas trompetas plateadas que suenan en vísperas del que se ahoga, acompañadas por chirimita, redoblante y bocinas de rescate.
Es hora de sucumbir, como el perro de la esquina, aplastado, como una cucaracha (haciendo ese ruido repugnante “crash”, largando ese líquido blanco), cuando la pisa la rueda. Morir, de ala delta vaginal, en una cazuela de girasoles, a la vera del chorro de vino y entre tus piernas, pegando con saliva la goma venenosa de tus dulces sueños.
A veces rezo por nosotros, para no estar solo en el minuto final, para no padecer la aflicción de unos cuantos versos incompletos.
Foto: Sol

lucia3 dijo
Un relato bastante deprimente, pesimista, angustioso, pero es lo que hay. No siempre tenemos el ánimo por las nubes, a veces, más de las que quisiéramos anda por las cloacas, como el de tu protagoista.
Gracias por visitarme. Efectivamente, amorío total.
A pesar del tono, me gusta.
28 Abril 2008 | 03:11 PM