Un bondi, (carromato de primer mundo), a una luminosa ciudad, la semana pasada tomé. Un lugar donde los ladrillos de las casas olían puerto, y a peces voladores un puñado de recuerdos.
Un viaje a la frontera, tajo del mundo, donde los continentes están a 60 Km, y no se chocan, quizás algún día si, pero por la parte estrecha. Ahí recordé las batallas, y la sangre en las espadas y sus brillos... en los comienzos del fuego, donde una lengua ardida lamía tan vulnerables inocentes se cruzaban. Pensé en los amores bien vividos y en los crueles, en las guerras antiguas y en las mediáticas modernas, en los días sin bandera y sin gobierno. En los barcos que llevan y traen ilusiones, en la red que nos contiene, en sutil lote hábitad de gamas diversas, donde la locura parece tener cordura y el color de la epidermis: Es el de la sustancia incorpórea.
Cuando los platillos suenan comienza el alba, cuando los cañones lanzan las bombas, estallo como el corazón de muchos, cuando el napalm inflama, quema como el amor.
¡Oh redoblante de rulos y marcha! llévame al campo verde, donde los vivos mueren en los brazos de mamá,. Ese lugar espejado, que une los ojos con el cielo, donde el Dr de las almas sana, donde el icono cruz identifica a los de sueño eterno.
¡Oh bombo campesino! te juro que no siembro en las comarcas que se olvidan, no hay arado aún que abra esa tierra que los entierra.
Foto: Sol

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados